Este lugar tiene belleza. Pabellones de fines del siglo XIX tan bien cuidados y en uso. Otros modernos de cristal. Aqui no hay encierro, hay bancas, callecitas y sol.
Oigo a una amiga le dice a otra: -"estoy embarazada". Una abuela ve un caminito de hormigas con su nieto. Levanto mi vista. Los médicos varones caminan como dignos y derechos, pelo corto y buen vestir tras sus blancos delantales. Las medicas en cambio usan falda debajo del guardapolvo y muy variado vestir.
Sigo el camino de hormigas. Una mujer reparte mete cocido con leche. Tomo un antiacido antes de aceptarle. Aun mi vesícula me da trabajo. Me siento al sol en una banca a beber tranquilo. Me siento lejos de este paradigma de cuerpos. Prefiero el de almas. Ese si es mi medio.
Hay una hermosa capilla románica. Santa Francisca Romana. En ella hice bautizar a mi hija menor hace décadas.
Un hospital así abierto, es un parque, un barrio hermoso, no una prisión. Cierro mis ojos y me pierdo. Veo lejos gente desayunando en un bello bar de esquina. Veo cosas que en magia no hablamos abiertamente. La paz me embarga.
Detrás de las casitas blancas, felicidades, dolores y esperanzas. Limpias las manos de los honestos. Codicia en los ojos ausentes. Blancas casitas donde da un mismo sol bendice en aroma de bellos jardines o mustio y henchido de sombras de muerte. ¿Cual es la hazaña de ser humanos sin hermanos? ¿Cual la del leopardo de las nieves? Hoy llueve. Hoy duele. Y sin embargo los pies se procuran de andar. Las manos atesoran caricias que darán. Tengo una sidra que no he abierto. No he brindado. Pero tengo otras cosas que brindar. La verdad en las palabras es tan sencilla. Por eso muchos no las entienden. La estridencia se ha tragado vidas. Pero gracias doy a todas las estrellas haberse tragado muchas noches.
Tengo desarrollado tanto el sentimiento, la intuición, la lógica, como el instinto. Mi voz no esta igual, la quimio me afecta el decir, pero no el pensar. Soy una roca contra la que alguno tropieza y otros se aferran. Una isla donde no hay islas. Mi humor irritante, la felicidad intima y el escape del bullicio. Tengo el amor y la espada. Un cuenco de luz siguiendo mi orbita sin permiso. Subo con la marea y con ella bajo asi, a mi propio ritmo.
En el andar de esta vida hay quien sigue el sentido de su corazon. Bendito quien sea abrazado por algo mas que un frio invierno. Mejor respirar nieve perdido entre todo. Andar como gárgola en cornisa o desplegar las alas a lo eterno. Para no perder el tren del propio sentido. Malaya, mal de rastrojos, animas de frio... Solo hay la dirección que pinte el matiz de momento.
Recuerdo como del poético estado del no recuerdo. Mi padre era tutor de una niña inglesa. Familia exiliada en una mansión al sur de Francia, mucho antes de la revolución. Algo paso debí irme, no supe más de mi padre. Entre en marina de guerra, caribe, Guayana, y las tierras desde el golfo hasta Canadá. Fue al sur que vi tus ojos. Tus ondeados bucles. Recuerdo sin recuerdo como el amor cura heridas de sable y de sal. ¿Dime cómo se definen ciertas certezas?
Se de nubes que eran espuma de oleaje al caer el sol.
Se de labios que eran la espuma del alma.
Se de una extraña ensenada que trae a puerto aquello que siempre es.