martes, 6 de junio de 2017

Certeza



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No se me han caído todas las mascaras. Solo llevo puestas las de la profundidad. Aquí es donde ya no arrebato la flor de la planta por la codicia de llevarla. Sino de quien pasa frente al árbol de jazmín y huele mientras sigue su viaje a la fuente. Nada hay ya que tomar, sino solo lo que alimente en el viaje. Todo lo demás son la muda de piel. Que al igual que la serpiente se pare a si misma de su propia piel dejando su pasado como despojo, pero conservando lo aprendido.

Usted es hábil me dice el maleante. Usted es extraño me dice el botón. ¿Como definir cuando ambos genios se unen? El de la belleza del nacimiento de la flor, como la misma belleza de ver como la flor se seca. Que ambas cosas tienen su virtud. Y que tal virtud proviene mas allá de la vida y de la muerte. Que ya no es uno, sino uno en. ¿Quien es el que actúa en lo común? ¿Quien el que habita en profundidad? La comprensión esta ahí es el acto de transitar. Saber transitar. No es el paisaje, sino la luz que ilumina y la noche estrellada. Es el ojo el que ilumina. Es el sol que brilla por dentro lo que da el verdadero significado entre lo transitorio.



En un tiempo eran flashes, luego se va volviendo otra conciencia. Con su propia semántica y sus propias relaciones donde A ya no es igual a A, solo similar. Vaya a saber que genio es el que conduce hasta el mismo genio que estalla de golpe como una explosión quieta y se da la contemplación, y esta hacia el estado permanente. Solo queda entonces la guerra de despojarse de hábitos y volver a la simplicidad total de la mesa y el mantel, un plato de sopa y las manos tomadas. Todo tiene una belleza abismal, única. La vida, la muerte. Aquello que se ve y lo que no se quiere ver. Tal vez sea el Ungrund, tal vez abrí los ojos por primera vez hace unos años. Solo se que los ojos no se abren sin lagrimas, ni la oscuridad se vence a la luz del sol.

Y de nuevo a la fuente. ¿Cuan indigno fue quien escribe para ser en la vida premiado con las grandes lagrimas? Las de la alegría, las del dolor, y las del arrepentimiento. Anido al fin un día el Espíritu. Mas seguí contemplando al dios externo. Al que tiendo mi mano, y quien a mi me la tiende. Regalo de la gloria, que sublima el mayor renacer. Aun tan cerca de la muerte.
¿De si son estados? Por supuesto, los hay de infierno, los hay de pena, los hay de estupidez, y los hay de la mas simple gloria. Donde el ángel al fin cambia tu vestidura, y descubre la mayor gloria escondida, tan pequeña que cabe en la cabeza de un alfiler.


Alex.


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